Me pasé media vida aprendiendo a construir muros para levantarlos a mi alrededor, para que nada me tocara. Aprendí a vivir en una torre de marfil tan aislada como imperfecta, que se vino abajo de golpe. Sin previo aviso. Lo dejé estar y eso me comió por dentro, desde las entrañas. Sin embargo, supe (o creí saber) dejarlo pasar. Perdí la partida. O al menos me mentí a mí misma diciendo que lo hacía, cuando en realidad lo único que hacía era volver a levantar mis muros a partir de los escombros intentando dejar fuera todo lo que no me venía bien, pero ya estaban llenos de agujeros.
Y por eso ahora no sé qué hacer, ni por dónde me sopla el aire. Porque estoy afectada por una suerte de exibicionismo de palo que me lleva a sonreirle a desconocidos, que en realidad implica tantas cosas que no quiero ni saber. Porque ahora que llueve, ahora ya me da igual.
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24 octubre, 2011
19 octubre, 2011
de bucles y sonrisas
caminar por la calle como si fueses el protagonista de algo. sonreirle a la gente que pasa sólo porque sí. las primeras gotas del otoño. planear fines de semana. pensar disfraces. de mayor quiero ser perry, el ornitorrinco. porque los ornitorrincos no hacen gran cosa.
pasear como si el tiempo fuera infinito. cambiar el mundo entre cafés y muffins a medias. reir hasta quedarnos sin voz. reencuentros que confirman que la distancia son los padres
pasear como si el tiempo fuera infinito. cambiar el mundo entre cafés y muffins a medias. reir hasta quedarnos sin voz. reencuentros que confirman que la distancia son los padres
13 octubre, 2011
de semanas con dos lunes y problemas de recogimiento
Y es que los días de fiesta me gustan tanto como me descuadran. Salir a la calle y no ser capaz de volver. Aprovechar los últimos rayos de sol antes de que llegue ese frío que tanto echo de menos. Porque seamos realistas, en el mundo hay dos tipos de personas: aquellas a las que les pierde el calor y viven para ir de un lado otro en bañador y mini shorts; y las que son de frío, las que disfrutan andando por la calle con la cara hundida en capas y capas de bufanda, con la nariz helada y las manos en los bolsillos. Yo, obviamente, soy de las del segundo grupo, pero también sé que voy a echar de menos las terrazas de Madrid y pasear por el Retiro.
Por eso últimamente tengo problemas de recogimiento. De recogerme a mí misma, se entiende. Porque todo parece mucho más interesante cuando estás en la calle. Pasear por el Metro con una calabaza de casi dos kilos un lunes por la tarde, salir a tomar una caña y cerrar los bares un martes, ir de concierto y acabar en bares de solera...
Octubre nunca fue mi mes favorito, pero he de reconocer que este año, de momento, se está portando
Por eso últimamente tengo problemas de recogimiento. De recogerme a mí misma, se entiende. Porque todo parece mucho más interesante cuando estás en la calle. Pasear por el Metro con una calabaza de casi dos kilos un lunes por la tarde, salir a tomar una caña y cerrar los bares un martes, ir de concierto y acabar en bares de solera...
Octubre nunca fue mi mes favorito, pero he de reconocer que este año, de momento, se está portando
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