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04 enero, 2012

Trescientos sesenta y cinco días en doce canciones o tradiciones que me saco de la manga, segunda parte.

Y como soy animal de costumbres, igual que el año pasado, un mes, una canción.
el año pasado me quedó mucho más inspirado, lo se...

Y es que es en esta época del año en la que toca mirar atrás. Porque este ha sido el año de las mil y una incoherencias. De no entenderme ni yo. De mentirme y pillarme con todas las de la ley. El año de pasar de puntillas por las cosas importantes y hundirme hasta las rodillas en estupideces. El año de aprender a no hacer planes (o por lo menos a intentarlo). El año de los finales, los principios y los revivals. De huir hacia delante (cabeza alta, acento intocable, pose de gigante)
Porque este año será recordado como el de las playas sin arena y con el agua cristalina. De perderse y encontrarse. De cumplir planes y conocer bares que hace demasiado tiempo que estaban en la lista de pendientes. De romper objetivos en el puente más bonito del mundo. El año de los Wombats por el mundo, o por lo menos por los Balcanes. También es el año en el que conocí el norte del norte. Las formaciones de lava, las cuevas, los glaciares y algún que otro iceberg. El año que conduje una moto de nieve y un par de coches alquilados por cinco países distintos. El año de ver la luz al final del túnel y de celebrarlo todo como si no hubiera un mañana. El del nudo en la garganta y el vértigo al borde del precipicio. El del pequeño salto mortal. El de replantearse cosas, pero con las uñas pintadas.
Este ha sido el año de cantar a gritos y contar historias (nuestras historias) hasta quedarnos sin voz. El año en que aprendí a reírme a carcajadas que salen desde lo más profundo del pecho, empezando por reírme de mí misma. El año de los reencuentros y las visitas. De volver a Aachen y a Barcelona. El de las resacas emocionales y las ganas en los bolsillos. El año de entender muchas cosas y olvidar muchas más.

El año en que vivimos casi peligrosamente.

por un 2012 de ratos, risas, sonrisas y abrazos

24 octubre, 2011

de muros y derrotas

Me pasé media vida aprendiendo a construir muros para levantarlos a mi alrededor, para que nada me tocara. Aprendí a vivir en una torre de marfil tan aislada como imperfecta, que se vino abajo de golpe. Sin previo aviso. Lo dejé estar y eso me comió por dentro, desde las entrañas. Sin embargo, supe (o creí saber) dejarlo pasar. Perdí la partida. O al menos me mentí a mí misma diciendo que lo hacía, cuando en realidad lo único que hacía era volver a levantar mis muros a partir de los escombros intentando dejar fuera todo lo que no me venía bien, pero ya estaban llenos de agujeros.



Y por eso ahora no sé qué hacer, ni por dónde me sopla el aire. Porque estoy afectada por una suerte de exibicionismo de palo que me lleva a sonreirle a desconocidos, que en realidad implica tantas cosas que no quiero ni saber. Porque ahora que llueve, ahora ya me da igual.

19 octubre, 2011

de bucles y sonrisas

caminar por la calle como si fueses el protagonista de algo. sonreirle a la gente que pasa sólo porque sí. las primeras gotas del otoño. planear fines de semana. pensar disfraces. de mayor quiero ser perry, el ornitorrinco. porque los ornitorrincos no hacen gran cosa.

pasear como si el tiempo fuera infinito. cambiar el mundo entre cafés y muffins a medias. reir hasta quedarnos sin voz. reencuentros que confirman que la distancia son los padres

13 octubre, 2011

de semanas con dos lunes y problemas de recogimiento

Y es que los días de fiesta me gustan tanto como me descuadran. Salir a la calle y no ser capaz de volver. Aprovechar los últimos rayos de sol antes de que llegue ese frío que tanto echo de menos. Porque seamos realistas, en el mundo hay dos tipos de personas: aquellas a las que les pierde el calor y viven para ir de un lado otro en bañador y mini shorts; y las que son de frío, las que disfrutan andando por la calle con la cara hundida en capas y capas de bufanda, con la nariz helada y las manos en los bolsillos. Yo, obviamente, soy de las del segundo grupo, pero también sé que voy a echar de menos las terrazas de Madrid y pasear por el Retiro.

Por eso últimamente tengo problemas de recogimiento. De recogerme a mí misma, se entiende. Porque todo parece mucho más interesante cuando estás en la calle. Pasear por el Metro con una calabaza de casi dos kilos un lunes por la tarde, salir a tomar una caña y cerrar los bares un martes, ir de concierto y acabar en bares de solera...



Octubre nunca fue mi mes favorito, pero he de reconocer que este año, de momento, se está portando